Revista cultural de la Tía Juana

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Autor:
Beatríz Ledezma Mariñez.
Tijuana, México.
© 1997

DE LA CINTURA PARA ABAJO

Soy yo la persona que ustedes buscan. Lamento mucho que hayan batallado tanto en dar conmigo, ¿como iban a saber ustedes que aquí me dicen "El Güerito"?.

Pasa que ahora sólo me queda el apodo; aquí tarde que temprano uno va tomando color. Yo llegué al puerto en el 37, tenia 22 años y ya sabía cortar pantalones. Aunque no era buen saquero; un buen saquero se nota en el corte implecable de los hombros.

Sabe usted, cuando la manga hace un como frunzidito quiere decir que no le hizo suficiente ropa, además, paso mucho tiempo para que yo terminara un saco el mismo día. Sin embergo, no lo quiero cansar con mis explicaciones. Usted quiere saber cómo conocí a mi General, ¿verdad?. Como ya le dije, yo era pantalonero y mi General supo de mi por pura casualidad. En ese entonces era ayudante de don Samuel, un judío que tenía su sastreria justo frente al café "EL Portal". Yo creo que fue ahí, en el café, donde le hablaron de mi y luego mi General solo dijo: "Pues traigan al Güerito, a ver si es tan chingón como dicen".

Mi General siempre tuvo fama de ser un hombrón, pero le voy a decir algo, tenia solo doce pulgadas de tiro...

Sí, sí, disculpe usted, me volví a salir del tema. Es verdad que a todos lados iba con mi General, pero no como confidente como todos creen, mi General casi no hablaba, era como se dice, muy arisco. Durante 20 años que fui su sastre sólo me decía lo mismo: "A que Güerito éste tan pendejo; por eso no has pasado de la cintura conmigo". Los pantalones de montar eran de lana entre piernas de piel de borrego y los pantalones del diario de fino casimir inglés con 1 1/2 pulgadas de mas en la cintura para la 38. Le explico todo esto porque es importante. El día que mataron a mi General andaba armado. Lo sé yo que en todo ese tiempo nunca lo vi sin "la cariñosa" como le llamaba a su pistola y lo sé tambien porque yo estaba ahí tras el sillon buscando una aguja que se me cayo, y fue cuando se abrió la puerta y entró mi mujer a reclamarle, como le dire... cosas de dos. Y yo ahí con la aguja en la mano oyendo como mi General sí pasó más allá de la cintura con mi mujer.

Y de nada le sirvio tener la cariñosa pues no traia los pantalones puestos y lo agarré así, de espaldas, y le vacie seis tiros.

Lo malo fue que ya no tuvo aliento para escuchar que no me dolía la mujer, ni la confianza, ni la dizque amistad, sino que nunca entendió que a un hombre no se le mide de la cintura para abajo.

Beatríz Ledezma Mariñez. Tijuana, México. © 1997

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