Revista cultural de la Tía Juana

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Autor:
Beatríz Ledezma Mariñez.
Tijuana, México.
© 1997

Villa Alta

Tendría usted que ir a la Colina del Muerto para que vea cómo no miento cuando le digo que aquello es como una cazuela de capirotada. Si no fuera así, que esperanzas que lo molestara. Hace seis meses llegó el Ingeniero con sus hombres y máquinas dizque para partir la colina y lo único que ha hecho, es sacar a los muertos y dejarlos hechos bola como montón de piedras.

Él dice que se necesita rajar la colina y que por ahí va a pasar una carretera que nos va a comunicar con la ciudad. Que por culpa de la colina estamos en el olvido.

Yo le dije que el año pasado, cuando vinieron las lluvias y se llevó los jacales, los sembradios y hasta la casa de don Matías, la única de material, sólo nos salvo la colina porque con todo y miedo, todos corrieron pal' cerro y de lo alto, vimos como la lluvia se tragaba los animales, las casas y las cosechas.

Y así estuvimos todo un mes encaramados en la colinita, rezando y pidiéndole a Dios que se acabaran esa lluvia que llegó con las intenciones de nunca irse hasta no hacer garras a Villa Alta.

Pero él no me entiende

Y sí puedo contr el horror que se les ve a esos hombres en la cara cada que sus palas se topan con un muertito que muchas veces resulta su pariente. Ya tiene usted a Fulgencio, que anduvo jalando hombres pa' la obra animandolos con la paga y mire usted, nomás el primer día le duro el gusto porque el Ingeniero lo trepó a una máquina y le dijo que cavara un hoyo justo donde enterraron a su madre. Por eso los de aquí no le ayudan y tuvieron que ir por gente de otro pueblo. Lo que pasa es que en la colina están enterrados todos nuestros muertos, así en la tierra nomás.

Por lo menos ahora sabemos dónde, no que antes los dejaban donde los encontraba la muerte y a escondidas, porque don Matías se encorajinaba y decia que el maíz y el frijol le sabían a muerto y que no quería saber que andaban enterrando gente en sus tierras. Pero digame usted, ¿donde los iban a poner si toda la tierra es de él?. Si no hubiera sido por su hijo, que lo hallaron muerto en la colina y don Matías decidió enterrarlo ahí, porque el cuerpo ya estaba muy fregado por los zopilotes. Y luego obligó a tods a enterrar a sus difuntos allí pa' que su hijo no estuviera solo.

Y fue así como mandó a mi padre, quien fue quien lo encontró, a hacerse cargo del campo santo. Mi padre me contaba que don Matías trajo a rastras al cura de San Juan Mártir a bendecir el lugar, y que el curita no quería pero don Matías lo convenció. Quien sabe cómo y mi padre se quedó ahí en la colina, de donde nunca salió ni cuando tuvo que buscar mujer, porque hasta eso, le llego solita. Y es que él conoció a mi madre en el entierro de mi abuela y yo creo que ella la quería mucho porque ya no se quiso ir de aquí. Yo nací en la colina, fue ah1 donde mi padre me enseñó a trabajar la tierra, a cortarla en cuadritos y a que nadien se saliera de la fila, porque él decía luego no es igual y sobre todo a poner la cara de palo seco para acompañar a los dolientes en su pena.

Lo que nunca me enseño fue a no tenerle miedo a la muerte.

Eso lo aprendí solo, a fuerza de verla pasar a diario a lado de uno, y cuando habia muerto fresco, a olerla.

Luego en las noches, cuando uno esta tratando de dormir, clarito se oye como si alguien me llamara y salgo y me quedo en la puerta con los ojos mirando y mirando y no viendo nada. Eso era antes, porque ahora en las noches es un lamentadero que no pego un ojo y siento feo de verlos como perros sin dueño, buscando un rincón de tierra donde descansar. Pero de nada sirve, porque al siguiente día , llega el Ingeniero con sus hombres a sacar las almas del lugar. Por eso estoy aquí, para que usted que es la autoridad nos ayude a pararlo con eso de su mentado progreso, que sólo nos ha traído desgracias. Como la que ocurrió hace una semana cuando Genaro y sus hermanos se apostaron frente a la tumba de sus gentes y no se movieron ni cuando les echaron encima las máquinas. Y yo estoy seguro de que nunca imaginaron que el Ingeniero les cumpliría la amenaza y nomas vimos como a la tierra le escurrian hilitos rojos debajo del tractor, como si llorara y nos quedamos mudos, como si antes de irse Genaro nos hubiera jalado la lengua a todos y luego, se oyo la voz del Ingeniero que decía:

- ¡Hijo de la Chingada, si esto no es un juego!. ¡Te lo dije cabrón, que te quitaras. Que te guste o no, por aquí va a pasar la carretera y la colina con todo y sus muertos se va a la chingada!.

Aunque luego supe que él y sus hombres dijeron que Genaro se atravesó a la mala y provoco el accidente.

Es por eso y nada mas que vengo a diario desde hace tiempo a molestarlo a usted a su oficina, para ver cuando me puede atender, para que hable usted con el señor Gobernador o e; Presidente y les diga que así como estamos estamos bien. Que no necesitamos la carretera ni las casas ni todo lo que el Ingeniero dice nos van a dar, una vez rajada la colina. Porque aquí estamos seguros que luego va a ser como cuando don Matías nos prometio agua para todos gratis, con eso de que era candidato, y lo único que sacamos fue que secaron la laguna, porque trajeron unos tubos grandots, que lo único que hicieron fue chuparse todo el agua y luego tuvimos un año que vimos el diablo por un agujerito y yo ni me di a vasto enterrando gent seca y churida de tanta sed.

Ya aquí sabemos que el mentado progreso ese del que tanto hablan solo sirve pa' traer mas muerte y mas muerte, a menos de que pa' que llegue él tengamos todos los de Villa Alta que desaparecer de aquí y traigan gente nueva a la que no le duelan estas tierras y estos muertos y a diferencia de nosotros, estén hechos de olvido.

Beatríz Ledezma Mariñez. Tijuana, México. © 1997

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